lunes 28 de diciembre de 2009

La Canción de Marta


Seguramente una de las mejores películas que ha creado un palentino. La canción de Marta´, corto dirigido por Abbé Nozal, tiene guiños tanto a lo palentino, como en general a algunas figuras de la infatuación, sea un un pintor consagrado o un galerista pagado de sí mismo, o un empleado de banca sin máscaras.

Esta película premiada en New York, desconocida en Palencia, es un homenaje a las cosas sencillas tanto como la exaltación del talento creativo del autor que recrea algo de su propio mundo de pintor. En pocos minutos crea una de esas historias que hay que leer despacio para ser entendidas, a la vez que son bellas en su propia dicción, en su escena. Historia que atrae e impulsa a ver de nuevo una y otra vez como los buenos libros, seguros de que algo ha pasado desapercibido. Y no hay detalle no significativo: la Coral donde canta Marta es laica y lleva de nombre Voltaire, cartel que cuelga de la puerta del Instituto Jorge Manrique, guiño tan directo como la reflexión en torno a la materia de la que están hechos los cuadros de algunos pintores, o el olor a pintura. Sinestesia a lo Proust, y a la capacidad de algunos autistas para esta mezcolanza de sentidos, para oler colores o saborear sonidos.

Por otro lado la historia de una niña y su poder en el canto es un canto a los poderes de la infancia.

Y al poder del arte. El ser humano necesitó del arte desde que se refugiaba en las cuevas. Algo interno necesitaba representar, algo no podía ocultarse a sí mismo. El arte en ocasiones se alza, como una ola de sentimientos, capaz de arrasar con todo, capitalismos, idiosincracias, estereotipos, absoluciones y prejuicios. Sea cual sea la pena, o la emoción, el arte puede ser un bálsamo o una tortura para el artista. Y para el resto un enigma: qué habrá querido decirnos con tal o cual obra. Por eso lo que adquirimos al comprar arte es la mirada del artista. Su obra no importa entonces más que como un resto. Ver 'La canción de Marta' es también escuchar, y el lector de imágenes sí lee entre líneas puede captar algo que al propio artista se le ha podido escapar. Premio a la mejor película extranjera, la película de uno de nuestros vecinos ilustrados, es éxtima en nuestra ciudad.
El guiño a la sinestesia que recorre la película, quizá explique el exordio que homenajea a Gil de Biedma: 'La luz usada deja polvo de mariposa entre los dedos'. Hay que verla.

Publicado en DIARIO PALENTINO, el jueves 24 de diciembre de 2009.

lunes 21 de diciembre de 2009

Pepe Calderón


Ahí tienen un nombre. Su eco demuestra que ha pasado a ser una marca. Es el destino que aguarda a quien se somete al escrutinio de los medios de comunicación, y a quien entra de lleno en la acción comunitaria. Se presta a que su nombre ruede, anónimo de la persona. Lo acaba de demostrar Casilda Ordoñez en el escrito que dejó preparado para ser leído en la inauguración de la escuela infantil que lleva su nombre: «Pensé que mi nombre cumpliría dos misiones contradictorias. Por una parte sería el identificador del genérico colegio, lo que los lingüistas llamarían una posición especificativa, y por otra parte, está destinado a vaciarse de mí, de mi ser, como se vacía un hueso de su médula, y a rodar, anónimo de mí, en boca de niños y padres. Y me pareció un hermoso y desinteresado destino».

El nombre de un palentino que labora en una acción benéfica, Pepe Calderón, rueda como sinónimo de un compromiso con los vecinos, en este caso, con quienes se encuentran en situación de desamparo a la falta de lo básico, el sustento del organismo.

Ocurre que la acción benéfica de la ONG que preside nuestro admirado vecino no puede ser comprendida como una acción destinada a dar alimentos, reducida a la mera alimentación fisiológica de quien lo precisa. Porque no leer que recibir alimento de alguien implica un signo de amor es desconocer el verdadero estatuto de la alimentación en los humanos, que trasciende a la mera necesidad para entroncarse con el deseo, como nos enseñan a diario gastrónomos o anoréxicas. Es ese signo de amor el que discurre invisible en la relación entre quien da y quien recibe. Se sabe, además, que la demanda siempre es intransitiva, no persigue un objeto, se sabe que lo pedido es de otra naturaleza a la cosa en sí, se pide otra cosa siempre que se pide algo.

El 'hermoso y desinteresado destino' de prestar el nombre para una acción, supone un gran ejercicio, es tanto como aceptar desdoblarse, entre el nombre y el hombre, entre el nombre y lo que los otros pueden hacer con él, sin excluir lo peor, la injuria, el insulto, el descrédito, afición de la peña muy querida por estos lares.

Pero nada de eso ha de importar a los buenos vecinos, a los mejores, prestar el nombre para todos los equívocos posibles.

El ejemplo de Pepe Calderón y su obra en nuestra ciudad debería alentar a los más jovenes a dar el paso, acudir a la busca y captura de un 'hermoso y desinteresado destino', y guardar la Wii.

Publicado en DIARIO PALENTINO, el jueves 17 de diciembre de 2009.

jueves 10 de diciembre de 2009

Empollones


Máquinas fotocopiadoras o ideas. Esa es la cuestión. El estudiante que empolla o el que piensa. El lector que comprende o el que almacena. Ebbinghaus o el recuerdo literal, Bartlett o el recuerdo con significado. Los que pagan por una máquina pero nunca pagarán por una idea. Los que leen o no entre líneas. Los que leen o no su propio inconsciente. Los que saben o no que sus sueños son interpretables.

En el asunto del empolle también está planteada la dicotomía entre los profesores que valoran las cifras, lo literal, el esfuerzo de memorizar, frente a quienes valoran la capacidad de relacionar, de clasificar, de conceptualizar.

Estudiantes que vomitan en los exámenes todo al pie de la letra tal y como viene en los textos han sido siempre muy aplaudidos. Mientras, los lúcidos han pasado generalmente a engrosar el etiquetado de vagos. Los primeros, popularmente llamados empollones de pequeños, luego, de mayores han resultado ser pésimos lectores, incapaces de entusiasmarse con un relato de Borges -salvo que sea el de 'Funes el memorioso', claro. Los segundos, grandes lectores han cultivado la memoria más semántica, la menos literal y fotocopiante, apasionados de la invención frente a lo trillado.

El escándalo de los universitarios que no leen nada, que cometen faltas de ortografía, o que creen que Wittgenstein es una marca de lavadora, y Fermat un nombre de empresa, es el resultado de una enseñanza basada en el absurdo de animar a empollar por empollar y encima premiar con 'dieces' a quien repite linea a linea, palabra por palabra, los apuntes o los libros de texto. En cualquier caso, el empollón tiene de su lado los conocimientos y por poco tiempo, mientras el buen estudiante tiene de su lado la sabiduría.

Es mejor pensar al saber como producto de una elaboración colectiva, y no como resultado individual de un esfuerzo empollón. La cultura, el saber, nos corresponde a todos, y cada pequeña aportación histórica por insignificante que haya sido ha construido el edificio en que se sostiene el acervo actual. El trasfondo es que optemos o por una pedagogía de cooperación o por una al servicio de la competición, el éxito, la disputa y la acumulación de conocimientos cada vez más vacíos de sabiduría. El diccionario define empollar como 'meditar o estudiar un asunto con mucha más detención de la necesaria'. Se podría aconsejar al empollón detenerse, pero en leer el propio inconsciente.

Publicado en DIARIO PALENTINO, el jueves 10 de diciembre de 2009.

jueves 3 de diciembre de 2009

Se les va la mano a la receta

He aquí una de las expresiones más lúcidas que jamás escuché de alguien que había sufrido el acoso psicofarmacológico. En su repetido intento de hacerse escuchar, para hacerse entender, se había topado una y otra vez con la precipitación del interlocutor de turno, que en un acto cuasi reflejo tiraba de receta y concluía la conversación. La expresión 'se les va la mano a la receta' la usaba desde entonces para pintar un cuadro de impulsividad facultativa.

En los aledaños de la politica y los negocios la expresión 'se les va la mano a la caja' hizo furor en su momento, siempre actual. Venía a querer decir que existía un impulso interior muy fuerte, incontrolable, que animaba al acto.

Pero irse la mano en dirección a una receta no circula aún ni en la jerga, ni en los pasillos de las jornadas o encuentros. Sólo la escuché esa vez. Desde entonces cuando alguien refiere que tras narrar un estado aunque sea leve -o incluso, como se demuestra después, plenamente imaginario- la solución pasa por la extensión de una receta que porta el nombre de un compuesto químico no puedo dejar de pensar en aquella feliz expresión.

¡Todos recetados! No importa la edad: ahora también los niños han sido visualizados como un mercado potencial extarordinario, pues, sometidos como están a la autoridad del adulto no pueden negarse a la ingesta diaria de la píldora. Y el rebelde quien peor lo tiene, pues su rebeldía enseguida será etiquetada y diagnosticada. ¡Todos recetados! No importa la diferencia subjetiva: la misma píldora para todo el mundo, con pequeños cambios en la dosis diaria. No importa el discurso, ni las contingencias de la vida, cada quien, si se descuida, tendrá su receta.

Voltaire decía que el arte de los médicos era divertir a los pacientes hasta que la naturaleza les curara.

En nuestra época, desaparecida la figura de aquel médico entrañable que reñía y avergonzaba con deleite, que atravesaba las formalidades y se saltaba los protocolos, con autoridad para aconsejar paseos en vez de ansiolíticos, remedios caseros en vez de tranquilizantes y antidepresivos, desplegaba un discurso, nombraba lo inefable, se hacía querer y respetar, y lo que hoy parece increíble, curaba más por lo que decía o callaba que por lo que recetaba.



Publicado en DIARIO PALENTINO, el jueves 3 de diciembre de 2009


jueves 26 de noviembre de 2009

Los Derechos del Niño



Proclamados solemnemente en 1959, en la conocida como Declaración de Ginebra, olvidados cuando ha sido menester, pisoteados allí donde interesó, los Derechos de la Infancia han ido relegándose en las sociedades del bienestar, allí donde el principio de autoridad declinó, en nombre precisamente de realzar los deberes.

Tal es el vicio extendido de recalcar la ristra de deberes de la infancia cuando alguien osa alzar la bandera de sus Derechos, que hasta en los recintos en los que otrora se cuidó especialmente al niño, como en los dispositivos médicos o psicológicos, y especialmente en los pedagógicos, ha comenzado una corriente que olvida esa Declaración de la ONU. Que la olvida hasta el punto de ignorar que es una conquista de la civilización.

Y así, bajo las sutiles y modernas técnicas de persuasión, se ningunea sistemáticamente el inalienable derecho del niño a expresar sus opiniones, a opinar libremente, a expresarse sin coercción. Su Derecho a la libre expresión no gusta, pese a que explícitamente está presente en nuestra legislación desde 1989 en que la ONU redacta también la Convención de los Derechos del Niño. Y si se sigue la lista de Derechos y se topa con el que proclama que los niños tienen derecho a dar a conocer sus opiniones, a compartir sus puntos de vista con otros, o a la libertad de conciencia, parece que algunos modelos impositivos que supuestamente se despliegan por su bien, están más orientados en los fantasmas sádicos de sus mentores que en el respeto a la infancia y sus derechos conquistados tras siglos sin ellos.

Siempre se hace incapié en algunos Derechos incuestionables: derecho a la protección contra el descuido o trato negligente, a la protección contra las minas terrestres, a la protección contra todas las formas de explotación y abuso sexual.

Pero en estas nuestras latitudes se olvida que también hemos proclamado que los niños tienen derecho a la intimidad. Y así, muchos profesionales de lo pedagógico y lo psicológico entran a saco no sólo en las vidas paulatinamente medicadas de nuestros niños, sino, lo que es peor, ninguneando su derecho a la libre expresión y a su singular modo de estar en el mundo. Confundiendo educación y servilismo, estánsentando las bases para que un buen día nos levantemos y contemplemos un escenario en el que la infancia directamente no tenga nada que decir, salvo tomar la píldora y callarse. Y no pensar.

Publicado en DIARIO PALENTINO el jueves 26 de noviembre de 2009.

miércoles 18 de noviembre de 2009

Las cosas como eran


Los recuerdos infantiles pueden ser motivo tanto de placer como de malestar.

El libro de la palentina Esperanza Ortega es un chollo para quien desee recuperar los recuerdos de la infancia. ¿Y por qué se iban a perder? Pues ciertamente eso es lo soprendente, encontramos muchas personas que no recuerdan nada o casi nada de su infancia. Dicen que han tenido una infancia muy muy feliz pero que no recuerdan prácticamente nada sustancial.

La escritora y poeta palentina construye un relato apoyándose en los objetos de su 'Unwelt' y los escenarios de su familia, de su colegio, del viejo Insti Jorge Manrique. Recuerda a través de los objetos, de los olores y los colores, y así organiza el texto. No es mala puerta de entrada. Hay otras. Pero sobre todo escribe. Escribir, confiesa, le ayudó a ir evocando. En el libro de única tirada que llevamos dentro de nosotros -y afuera-, en ese libro que llamamos nuestro inconsciente, tenemos escrito cada uno de nosotros ese texto de los recuerdos de nuestra infancia. Algunos lo llevan cerrado con siete llaves, que además han tirado y no encuentran, y primero entonces hay que buscar las contraseñas. Otros siempre quieren abrir el libro por el mismo capítulo haciéndonos creer que el libro sólo dispone de esa referencia. Están también quienes nunca leerán los capítulos en los que no salen demasiado bien parados: tienen sus mejores razones para ello. También están los recuerdos/pantalla, esos que impiden ver lo que hay justamente detrás de su velo.

Cuando Esperanza Ortega narra episodios de su infancia no parece cortarse. Al menos a mí me parece genial alguno de ellos, especialmente los que significativamente pueden leerse como pistas claras de sus modos de goce más íntimos. Es una escritora -al margen de su técnica literaria que parece exquisita-, que escribe con las tripas, no adorna. Eso la hace creíble. Cualquier estudiante del viejo Insti recordará sus referencias a profesores -desfilan Don Zacarías, don Simón Mediavilla, don Prudencio, don Eduardo-, y cualquier amante del cine se reconocerá en su papel de espectador de las butacas del desaparecido Proyecciones o del Castilla o del Ortega, -cine que fue propiedad de su padre, el también escritor Teófilo Ortega-. De suerte, que estamos ante un libro en el que se reconocerán muchos palentinos, acierto de la palentina editorial 'menoscuarto'. Un libro que sólo podía regalarme un amigo: el mejor memorialista de lo palentino.


Publicado en DIARIO PALENTINO, jueves 19 de noviembre de 2009

lunes 16 de noviembre de 2009

Soledades modernas


La inmensa paradoja de nuestros días la aporta la comunicación. Nunca antes hubo más y mejores medios tecnológicos para comunicarnos. Pero nunca antes se expresó con tanta fuerza la firme idea de que aumenta la incomunicación humana.

Cómo es posible que en el momento histórico en que no esperamos meses para recibir una carta o noticia, en el instante de la máxima inmediatez y sin demora, en la época de los SMS y de Twitter, justo ahora sea un clamor el sentimiento creciente de soledad, de no ser entendidos, de no estar conectados con nadie.

La soledad puede perfectamente convertirse así en la norma, y de lógicos instantes de sentir la soledad que acontecen a lo largo de una vida, se pase a un estado solidificado, a mantener con la soledad relaciones de pareja, a convertir a la soledad en el verdadero partenaire.

Y así vemos aparecer, cada vez con mayor frecuencia, relatos de sujetos posmodernos adictos a la soledad de la que como cualquier otro objeto de adicción les es problemático desembarazarse. Como el adicto cotidiano, ellos también aman a su objeto, su soledad, más que a ellos mismos.

Y así, de la soledad clásica del trabajador que desempeñaba un trabajo muy aislado hemos ido pasando a contemplar la soledad del periodista, la soledad del político, la soledad del hombre público, la soledad de la mujer rodeada de gente, la soledad del padre de familia. Y en la época de las grandes actividades de la tercera edad, o de la cuarta, la soledad del anciano es un clamor. Y en la época de los 'tuentis' y los 'mesengger', la soledad de los adolescentes tiene tintes de epidemia.

Ahora bien, lo que escandaliza de verdad es la nueva soledad moderna del niño de nuestra época. Abandonado a su suerte, aislado entre una montaña de objetos y pantallas, sin interlocutores profundos, es decir sin personas que le hablen sabiendo avengorzarle, rodeado de gentes que le dan pastillas si tiene problemas, consejos sin que les pida y órdenes seguidas de contra órdenes, el niño moderno vive una soledad inédita en la historia de la infancia.

Cuando se lee a los clásicos que relatan el modo de crianza antigua se observa una constante: se creía firmemente en lo que se tenía que decir a los niños. La quiebra del relato único produce tanto desconcierto como soledad. Pero la diversidad de relatos que explican el mundo y la multiplicación de discursos no puede despistarnos de al menos una idea fuerte: nadie puede estar solo.


Publicado en DIARIO PALENTINO, jueves 12 de noviembre de 2009

jueves 5 de noviembre de 2009

La joven de 'La Olmeda'

La joven de la perla, un solo cuadro, es un polo de atracción de estudiosos y de visitantes curiosos. Acabo de dormir unos días junto al museo en el que se expone, y he podido comprobar cómo en torno a ese cuadro se suscita toda una atmósfera. Coincide la visita regia a nuestra provincia para visitar La Olmeda, uno de nuestros posibles polos de atracción, ahora remozada y re-inventada merced a una inteligente apuesta de nuestra Institución provincial. Eso le da el símbolo de juventud y de novedoso que se precisa para el éxito turístico.

¡Es hora de que por un momento exaltemos el arte y la cultura! Y lo usemos como atractivo. Pensé, a raíz de las últimas noticias que lo que más ibamos a dedicarnos a exaltar eran los objetos que comíamos. Y si no, allá va una muestra: fiesta de la patata, de la alubia, del pimiento...eran las noticias más destacadas en nuestros medios no hace mucho. Parecía no tener fin. De acuerdo con que hay que usar de todo para un noble fin, y sobre todo si se apoya nuestro sector agroalimentario, de acu

erdo, nada que oponer. Ocurre que podemos discutir esto también, como casi todo. Y decir que la esfera oro alimenticia ha de cuidarse, pero la deriva puede llevarnos a hacer de lo instrumental, incluso de lo placentero si se quiere, nuestra única herramienta festiva, y así dedicar muchos más momentos de lo que ya empleamos al círculo alimenticio. Dar vueltas en torno a algo así, sin avance a nuevas conquistas culturales de la civilización, nos situaría en callejones sin salida. Comer, y dormir. Coser y cantar.

Pero al menos ahora recordamos que nuestros antepasados no sólo comían, sino que construían recintos y los decoraban y organizaban una existencia en torno a símbolos.

En el momento del deceso de Claude Lévi-Strauss, el gran antropólogo, que se visite la Olmeda, en su nueva esplendorosa juventud, puede ser su mejor homenaje.

Vermeer pintó el cuadro de 'La joven de la perla' y pasó completamente desapercibido, olvidado durante todo el XVIII. Así 'La Olmeda' yació siglos enterrada hasta que un genial paisano fue descubriendo y dando a conocer al mundo los vestigios de un tiempo triste y alegre, como la expresión de la joven de la perla.

Como nuestros tiempos, por momentos tristes alver nuestra pertinaz despoblación. Por momentos alegres y optimistas como cuando se reinventa la joven Olmeda.


Publicado en DIARIO PALENTINO, el jueves 5 de noviembre de 2009.

jueves 29 de octubre de 2009

Dos políticos palentinos

Escuché el viernes en el Colegio de Médicos, en el transcurso de una Jornada, a dos políticos de nuestra ciudad. Y después verifiqué el efecto que sus palabras habían dejado en varios de los asistentes. Aún con matices fue unánime la opinión de que ambos encandilaron al auditorio. José María Hernández y Miriam Andrés, políticos de la Junta y del Senado respectivamente supieron seducir. Es lo menos que podemos pedir a nuestros políticos, que dominen la escena. Ergo, apuesto que en el futuro sabrán cómo hacerse elegir para más altas cotas, y espero que éstas pasen por lo mejor para nuestra ciudad. Ambos demostraron saber que el inconsciente es la política.

Las prácticas de la palabra, que aún subsisten, tienen una repercusión política, por más que se las quiera acotar a las cuatro paredes. Las conversaciones en el despacho del abogado, en el dispositivo del diván y del psicoanalista, en el despacho de un político son lugares donde circula la palabra. Y la palabra tiene sus efectos. Primero sugestión, encandilamiento, etapa que hay que transitar, para ir más allá. Después llega la eficacia simbólica, si se ha sabido ocupar la posición correcta: el uso del semblante adecuado. Finalmente se trata de apuntar al vacío central, aceptar la lógica del no-todo, en política y en esos recintos privados.

Allí el encuentro entre dos actores trasciende lo individual. Esto es lo que han captado los dos políticos de los que hablo: que el ejercicio de la conversación es una decisión política. Que un político cuando acude a un acto, sea del contenido que sea, lo hace en su calidad de puro semblante. Ejerce una representación. No es importante 'per se', como no lo es el psicoanalista o el abogado o cualquier otra práctica o dispositivo de relación. La fuerza de un buen politico procede, como comprobamos en acto el viernes en el Colegio de Médicos de saber ser un representante en medio de una representación. Y eso implica saberse efímero, descontar la derrota que vendrá, descontar que un político no es escuchado por el brillo de su personaje, ni por su oratoria, ni por sus conocimientos. Ni el psicoanalista produce efectos merced a lo que sabe sino a su posición de docta ignorancia. Que la escena social no se convierta en un erial,en un supermercado o en una feria continua de exaltación delo que comemos, dependerá de la relación que cada cual mantenga con su propio inconsciente. Y el inconsciente es la política.

Publicado en DIARIO PALENTINO el jueves 29 de octubre de 2009.

martes 27 de octubre de 2009

Las CIENCIAS INHUMANAS, de Gustavo Dessal (comp.), Ed. Gredos, Colección ELP, 2009.


LAS CIENCIAS INHUMANAS

ENTREVISTA A GUSTAVO DESSAL

realizada por Fernando Martín Aduriz


Acaba de aparecer un nuevo libro de la Colección ELP que dirige Vicente Palomera. Editado por Gredos, en la buena línea estética de anteriores números, se titula Las Ciencias Inhumanas. Se trata de una compilación de artículos efectuada por Gustavo Dessal, psicoanalista en Madrid, y escritor.

Son 23 artículos de otros tantos autores, en su mayor parte psicoanalistas, aunque también filósofos y científicos. Es un libro para desmentir que la ciencia se equivoque con el cientificismo. O que el psicoanálisis como disciplina pueda dejar de tener interés, incluso para los científicos, comprometidos ellos mismos con su subjetividad en las investigaciones que emprenden, en la razón de su empresa, en la verificación de sus efectos. Científicos a quienes les importe que el significante científico pueda sobrevivir a todo fracaso.

Hemos entrevistado para dar a conocer este libro a su compilador, Gustavo Dessal.

FMA-En primer lugar, enhorabuena por este acierto. ¿De quién fue la idea de publicar este libro?

GD-Hace algunos años que vengo considerando la necesidad de este libro. Los psicoanalistas no podíamos seguir de brazos cruzados frente a la creciente colonización que el discurso científico viene llevando a cabo en el terreno de la subjetividad. Se imponía una denuncia importante del cientificismo, que es -por así decirlo- una desviación innoble de la ciencia, que por desgracia se reproduce con gran facilidad en las últimas décadas. Un buen día, de repente, se me impuso el título "Las ciencias inhumanas", y a partir de allí me puse en movimiento para concretar el libro. Reunir veintitrés trabajos en distintas lenguas no ha sido una tarea fácil, pero el resultado me ha dejado realmente satisfecho. Todos los autores supieron captar muy bien la idea, que consistía, entre otras cosas, en poder llegar a un público que no fuese necesariamente especializado en psicoanálisis, y al que poder sensibilizar sobre los efectos deshumanizantes de ciertas discursos y prácticas que se amparan en el método "científico". Escribo este término entrecomillado, para dejar bien claro que no basta con anunciar el carácter científico de una afirmación, para que ésta necesariamente lo sea.

FMA-El artículo titulado “Hablemos de la locura”, de nuestro colega José María Álvarez pone de manifiesto cómo en lo tocante a las enfermedades mentales la ciencia se ha puesto de lado del mercantilismo, de la invención de enfermedades mentales y ha abandonado la clínica clásica, la historia, el psicoanálisis...

GD-Sin duda, a medida que la industria farmacéutica ha penetrado en al campo de la enfermedad mental, la psiquiatría ha entrado en la pendiente de la desaparición como práctica clínica. El psiquiatra se ha convertido en un técnico que correlaciona un listado de síndromes creados a la medida de esa industria, con los medicamentos que esta produce.

FMA-Rosa López hace un relato extraordinario sobre un hecho histórico que pudo cambiar la historia, el encuentro de Heisenberg y Bohr. Quizá algunos puedan ver en este encuentro el momento álgido del libro: dos científicos frente a frente ¿se detendrán ante los avances científicos y las posteriores consecuencias? Dejemos que el lector lo descubra, pero no le parece Dessal que esta entrevista es muy actual...

GD-Absolutamente. Lo que no es tan seguro es que abunden los científicos dispuestos a interrogarse por su papel en el mundo, y por la función que la ciencia debe tener. Cada vez se cuestiona menos la alianza entre ciencia e industria.

FMA-El largo artículo “La reducción cientificista de lo humano”, de Peteiro, un médico experto en análisis clínicos y Fernández Blanco, psicoanalista, finaliza con una llamada a nuestro deber ético: denunciar a las falsas ciencias. ¿Este libro es un libro-denuncia?

GD-Lo es sin disimulo. Algunos colegas me han criticado el título, por considerar que podía herir la susceptibilidad de los científicos. Desde luego, el psicoanálisis no es un discurso que se opone a la ciencia. Pero este libro es el testimonio de que no estamos dispuestos a que en nombre de la ciencia se pueda justificar cualquier cosa.

FMA-Jacques-Alain Miller en “El futuro del Mycoplasma Laboratorium” define sorprendentemente al psicoanálisis como “una nueva forma de discurso, el producto artificial de la logotecnología más avanzada”. Y añade que no es seguro que sus practicantes aún se hayan dado cuenta del discurso inédito al que sirven. ¿Está de acuerdo?

GD-A los psicoanalistas nos resulta difícil tomar conciencia cabal de lo que el psicoanálisis significa. De allí que a lo largo de la historia del movimiento analítico no ha dejado de producirse permanentemente una tendencia a la psicologización de la doctrina y la praxis. Ha sucedido con Anna Freud, y ha sucedido incluso en nuestra Escuela. Es la prueba de que hay algo imposible de soportar en ese discurso, más allá de la pasión con la que los psicoanalistas intentamos sostener nuestra experiencia.

FMA-Vd. mismo dice en el Prefacio que “el querer de la ciencia, su pasión y su deseo de saber, está causado por una ignorancia que le es inherente”.

GD-Es, en síntesis, la tesis de Lacan sobre la ciencia.

FMA-Guy Briole se pregunta por el lugar del médico cuando sabe que el paciente sólo quiere obtener de él un objeto-medicamento....

GD-Su ensayo es muy fino. Desarrolla con mucha pertinencia lo que Lacan señaló a propósito de las relaciones entre el psicoanálisis y la medicina, y cómo el discurso analítico puede servir para reconducir la práctica médica hacia sus fundamentos no sólo clínicos sino también éticos.

FMA-Y por último, una referencia al trabajo breve pero muy clarificador del doctor Santiago Castellanos, y que se titula “Acerca de la impostura científica de las terapias cognitivo-conductuales”. Afirma: “Ninguna de las revisiones sistemáticas otorga evidencia científica a las terapias cognitivo-conductuales ni a sus ensayos publicados”. En la batalla que sostenemos con quienes desprecian al psicoanálisis, este dato es muy revelador, y puede dar muchas pistas a los psicoanalistas y los debates que mantienen...

GD-El doctor Castellanos ha realizado una excelente investigación sobre este tema que valdría la pena proseguir. Sería fundamental que algunos psicoanalistas estuviesen dispuestos a profundizar en la teoría de las TCC. Su carácter "científico" es otra de las grandes estafas que gozan de la aquiescencia del los poderes universitarios y sanitarios.

Muchas gracias Gustavo y mucho éxito de ventas. Y de lecturas.

19 de octubre de 2009.

Entrevista publicada en el BLOG de la ELP el 21-10-09. Ver: http://www.blogelp.com/